El valium para mis oidos...
En la universidad rayé con John Zorn y sus quinientos mil esquizoides proyectos; hubo un momento en donde Fripp, Zappa y los Crimson eran mis biblias, apareció Mr Bungle y me golpeó la cabeza como mazo de cavernícola, luego vino Primus y otro batatazo. Eran épocas de eternos extremos, de barbas teñidas y amores confusos (...bueno, esos nunca desaparecen), tenía mi banda de barrio y vivíamos eternas juergas. Claro, resultaba lógico que lo más ilógico musicalmente me llamara la atención, los registros atonales parecían atraerme y a pesar de sus neuróticos ritmos no hacían otra cosa que relajarme. En aquellos años la vanguardia y el experimento se apoderaron de mis parlantes por un tiempo, y esta noche de Jueves volvieron a inundar mis oídos con la jugada propuesta por Ian Williams (de Don caballero y Storm & Stress en guitarras y teclados), David Konopka (de Lynx, en guitarra), Tyondai Braxton y John Stainer (de Helmet y Tomahawk en la batería), y su banda Battles.
Chicas con sus jeans pitillo, chasquillita cubriendo sus frentes y la clásica polera de Ramones, periodistas especializados y músicos de distintas bandas nacionales conformaban el marco de público para recibir este mega proyecto que vino a enterrar la bandera del rock math a nuestro querido Chile. Con un formato instrumental irracional de tres guitarras, bajo solo en algunas ocasiones, teclado análogo, maquinitas electrónicas y un sin fin de pedales de efectos la atmósfera del Teatro novedades se cubrió de ritmos quebradizos, secuencias repetitivas con guitarras crimsonianas, acoples indies y una pequeña batería tocada fuertemente a ratos rock, a ratos thrash, a ratos punk y a ratos más. Los movimientos espásmicos de Tyondai Braxton se ajustaban perfecto a los cantos, gritos y sonidos que emitía formando al fin y al cabo de lo que podría resultar absolutamente desajustado un concepto de perfecta coherencia.

Battles y su ordenado desorden sonoro habló tanto de lo que podrá ser, con el denominado Rock Math(rock matemático implantado a bandas como, Don Caballero, Slint, Faraquet o Shudder to think) como de lo que tiempo atrás fue Crimson, Primus o Bungle , y lograr fundir el tiempo de ese modo se agradece.
La máquina del tiempo o lo mejor de cada casa
Viernes 23 Nov, Velódromo Estadio Nacional
Escribir sobre este concierto podría resultar tan extenso como el concierto mismo, así es que dejándose de eufemismo y frases hechas trataremos de ser directos y concretos; en definitiva se trato de nostalgia pura, emotividad extrema, complicidad y ternura. Acompañados de 8 notables músicos y con una ajustada puesta audiovisual estos amigotes repasan su saco de hits reversionándolos uno en boca del otro, a dúo, en rumbas, a piano solo, jazzeadas, en Folk o con sonido vintage entre otras variantes.
Luego de la bienvenida mutua el puntapié inicial de esta especie de duelo de titanes lo da un Serrat algo tímido y retraído, el cual de a poco se va afirmando sobre la potencia emotiva de sus clásicos como Señora o No hago otra cosa que pensar en ti, esto marca una pequeña diferencia con respecto a su maldadoso compinche, el cual arremete desde un comienzo con su labia sexuada y su vozarrón de barra humeada clavando al público con las versiones de Joan y con sus propias y grandes composiciones.

Hoy puede ser un gran día, Penélope, Lucía, esos locos bajitos, Mediterraneo, cantares, mazurquica modernica (Violeta Parra) entre las del Catalán; Ruido, y sin embargo, contigo, Quien me ha robado el mes de abril, 19 días y 500 noches, noche de bodas y la del pirata cojo del flaco de Úbeda.
A luna llena este par de monstruos ofrecieron uno de aquellos inolvidables momentos de nuestras vidas para los 12.000 nostálgicos que corearon, gritaron, bailaron y lloraron con la entrega. Esa noche más que nunca se confirma que las malas compañías... son las mejores.