sábado, marzo 06, 2010

Iloca, Chanquiuque, Huenchullamí, Putu, Constitución...


La noble ruta del vino fue la elegida para llegar desde Pichilemu hasta Iloca, pequeño balneario con playa y poca vereda, lleno de un encanto pueblerino pasado a cordero, machas, humitas y buena empanada. Desde ahí, por un camino experimental, tal como señala un letrero, nos enfundamos hasta encontrar nuestro destino final de vacaciones, una casa en medio del bosque con una piscina grande y bien hecha sería nuestro escenario durante 5 días, un entorno verde combinado de árboles frutales, palmeras verdes y arbustos varios, un quincho grande con horno de barro dispuestos a ser usados con pollos, carnes, panes y longanizas de la zona, y una casa de madera, mezcla entre cabaña y parcela nos dieron la bienvenida a Chanquiuque, ni siquiera un pueblo, si no más bien una zona rural en donde el único tinte civilizado y turístico es una vieja Iglesia empotrada en medio de un camino de tierra, la iglesia de Huenchullamí, el nompus ultra de nuestro solitario y campechano destino turístico, un templo colonial con un gran portón de entrada, afuera una pizarra indicando que no habrán misas hasta marzo y las campanas ahí mismo, con la soga al aire para que el sacristán de la zona, atento haga el llamado a los fieles pueblerinos.

A más de 40 kilómetros de un cajero automático y sin la más mínima señal de TV, celular, radio, ni mucho menos Internet, se nos pasaban las horas desayunando a mediodía, tomando sol hasta media tarde, leyendo, leyéndonos, bañándonos y viendo como los pájaros se sorprendían de nuestra presencia, y el viento le daba melodía a cada árbol a nuestro alrededor, cuando la única música presente era el silencio. Nos admirábamos con la danza de los eucaliptos, y la selva de pinos detrás de nuestra casa nos protegían de lo desconocido que podía surgir en nuestra imaginación, eran nuestros soldados de guardia, nuestros protectores naturales camuflándonos en medio del bosque y los cerros, cerca del mar y del río.

Ajenos a supermarkets fue panorama acercarnos hasta una casa a un par de kilómetros en donde un destartalado letrero de madera escrito con carbón indicaba “Se venden Quesos”, una humilde casa de adobes a la vista atendida por su señora dueña nos entrega un trozo redondo y grueso de queso fresco por 1500 pesos, la torta para devorar y celebrar los desayunos y las onces que nos quedaban por disfrutar en este campo.

Improvisamos una antena para lograr señal de TV, misión imposible ya que apenas logramos escuchar con interferencias y mala imagen todo el glamour del Festival de Viña, sin embargo, sentirnos ajenos a tanta lentejuela y traje de diseñador nos hacía sentir mejor, acá nos bastaba un par de chalas y un buen traje de baño, las playas llenas de teams y artistas reaggetoneros parecen de otro planeta en medio de estos montes.

Esta noche celebramos con un pollo a la parrilla y buen vino nuestro último día en solitarios, ya que mañana le damos la bienvenida a nuestra pareja habitual de amigos, de seguro no nos costará habituarnos a estos nuevos forasteros y menos considerando que serán dos las guitarras que tarde y noche interrumpirán este silencio majestuoso. En estos tres días que nos quedan viviremos más cosas para contar, en medio de cervezas frías y encendiendo nuevamente carbón, las conversaciones surgirán de manera natural, tal como pareciera ser que todo crece en esta fértil tierra, en donde nuestros sentimientos más puros resplandecen de mejor forma que en la ciudad.


9 horas antes del terremoto del Sábado 27 de Febrero aun estábamos en el lugar relatado. Hoy desde esta acalorada capital me sorprendo y apeno de lo descariñado que fue la tierra con toda esa zona; Iloca, Constitución, Putú ya no fueron los mismos luego de esta tragedia y hoy desde la distancia me duele cada muro caído, cada casa destruida y por sobre todo cada compatriota fallecido.

Agradezco haber estado ahí, empaparme de todos los lugares hermosos que la naturaleza arrebato de golpe, pero tengo la certeza de que nos pondremos de pie, que seguiremos adelante y que cada rincón empolvado volverá a llenarse y llenarnos de todos los colores.

4 Comments:

At 3:01 p. m., Anonymous Anónimo said...

amor, cuando se viene un nuevo post???..

 
At 7:38 p. m., Anonymous Giovanna M. said...

Mauricio: es inevitable para mí y para muchos sentir el dolor luego de leer y re leer respecto a la gran tragedia del 27 de febrero pasado. Cada muro caído, como dices tú, duele en lo más profundo!!! Mi casa tb cayó,nuestra historia NO!! pero ahí está tratando de ser viva aún. Mi abuela arrasada x el mar nos dejó aquella madrugada, las olas arrastró su cuerpo junto con el de mi primo que trató de salvarla; y que gracias a ...... él se salvó!!!
Gracias por dedicarle palabras a un lugar bello que tb es parte de tí y de tu familia. Duele, duele mucho! Solo estamos aprendiendo a vivir con esta herida, que sangra ...y que paños fríos y cálidos de los cercanos, fuerzas de no sé dónde!!!ayudan a frenar la expansión de ésta. Gracias, gracias.
Un abrazo, Giovanna M.

 
At 7:39 p. m., Anonymous Giovanna M. said...

ah, y mil felicitaciones por todo. Giovanna Mazzey E.

 
At 10:19 p. m., Blogger Francisco Gutiérrez said...

Super bueno el relato, solo falto mencionar las machas de las trincheras, saludos

 

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